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El Sacerdocio





El sacerdocio es el sacramento que, por la imposición de las manos del Obispo, y sus palabras, hace sacerdotes a los hombres bautizados, y les da poder para perdonar los pecados y convertir el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

El sacramento del orden lo reciben aquellos que se sienten llamados por Dios a ser sacerdotes para dedicarse a la salvación eterna de sus hermanos los hombres. Esta ocupación es la más grande de la Tierra, pues los frutos de sus trabajos no acaban en este mundo, sino que son eternos.

El sacerdocio se constituye en hacerse uno con Cristo hasta el punto de prolongar su presencia en medio de las comunidades; de esta manera se nos afirma que en Cristo es sacerdote y por medio de él ofrece el sacrificio de la Eucaristía; es instrumento para que Dios perdone pecados, para que conforte la debilidad corporal y espiritual; lleve a las criaturas a la dignidad de hijos de Dios por medio del bautismo; presencie la alianza matrimonial. El sacerdote desde Cristo hasta el fin de la historia es una necesidad para la salvación, para la extensión de la presencia de Cristo en el corazón de las siguientes generaciones.

Para ser sacerdotes se requiere ser llamado por Dios para esta vocación, que parte de unos interrogantes fundamentales: ¿Me querrá Dios sacerdote?, ¿A qué me llama Dios? Hay que saber escuchar a Dios que sigue llamando a muchos al sacerdocio. Debe haber un ambiente propicio para que se desarrolle la vocación y este ‘Año Sacerdotal’ se convierte en un espacio para que se despierten abundantes vocaciones; planteando el interrogante a niños, adolescentes y jóvenes.  Como hermanos pidamos a Dios que sean muchos los jóvenes que sigan la voz de Dios, pues hacen falta muchos y buenos sacerdotes y religiosos.

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