LO ÚLTIMO

Si Dios te está llamando confía a ciegas en el proyecto de él.

          
          Cuando Jesús vino a los suyos sólo los pobres le recibieron. Los ricos, como tenían de todo, no necesitaban escucharle. En cambio, los pobres, los que carecían de lo más necesario, sí le recibieron. Así era también el grupo de seguidores de Jesús: unos pescadores de Galilea; gente que no se podía permitir grandes lujos, y que por tener un corazón generoso, no les importó seguir al Maestro.

          Por eso, para responder a la llamada de Jesús e incluso seguirle en la vida cotidiana, hay que estar desprendido de muchas cosas, porque seguir a Jesús es dar un paso en el vacío; ofrecerle la mano sabiendo que no sé adónde me llevará; dejar a un lado las seguridades humanas y poner mi seguridad en Dios.

          Sólo quien confía a ciegas en el proyecto de Dios sin pensar qué será de su futuro, está preparado para dar el gran paso.

            En este sentido, los discípulos nos dan ejemplo con su vida. Ellos no piden explicaciones a Jesús; no le preguntan el porqué de esa elección y para qué; no se preocupan por dejar lo que estaban haciendo para seguirle; ni siquiera piensan en el futuro que les espera o en el pasado que dejan. En ellos no hay ni palabras ni dudas. Sólo hay una respuesta, un hecho, una actitud: escuchan la llamada de Jesús y, al momento, lo abandonan todo por seguirle. En seguida y sin dudarlo un instante.

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