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ATENDÍ, SIN QUERER QUERIENDO…




        pvmargarita.- Una verdad ineludible, es que eso de la vocación es un misterio, a ti te preguntan, ¿Cómo es eso de la llamada de Dios? ¿Qué tienes vocación de cura? Y uno se queda sin una respuesta clara, concisa…

En esta segunda entrega sigo contándoles (muy a mi manera) un poco lo que es la vocación y el camión de carga que se te viene encima cuando atiendes esa llamada de parte de Dios, de manera positiva. Si bien, una vez que aceptas el susto y el boulevard de novedades que trae implícita la inquietud vocacional, no todo está dicho; pues ni eres cura ni lo vas hacer con certeza, porque esa cuenta “como bien lo diría mi abuela”, solo la lleva Dios y será Él, por su gracia y su misericordia que te escogerá, saldrá a tu encuentro como el buen pastor que es. Pero también es cierto que no todo lo debemos dejar en sus manos, está de nuestra parte dejarnos moldear, guiar, conducir… esa es el comportamiento que debe tener un discípulo, por lo tanto hay que tener una actitud pronta, animada, presta, dispuesta al servicio y a la obediencia. Todo este coctel de características acompañado de una buena dosis de alegría, esa alegría de quien ha encontrado la felicidad y se enorgullece de ella y desea compartirla y que muchos más la vivan a plenitud.

Cuando decidí dejarlo todo por ir tras ese deseo, ese movimiento, esa cosa inexplicable, se vinieron encima, como bien lo apunte líneas atrás un camión de cosas, <<positivas y negativas>>, porque si bien el seguir a Jesús es de las cosas más maravillosas y bonitas, también es cierto que hay que estar preparado para la persecución y para los dolores, porque nos dice el mismo Dios a través de las sagradas escrituras: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame” (Lc. 9, 23-26) y no hay cruz que no cause dolor, pero ánimo, que así como hay de cal también hay de arenas, Dios nunca nos abandona y bien sabe premiarnos.

Entonces, llega ese día en el que estas ahí, recibiendo la manifestación de Dios, gozando de cosas sencillas pero gratificantes, de momentos únicos y quizás tan insignificantes para muchos, pero que a ti, de manera muy íntima te hacen asentar que no te has equivocado y es entonces cuando ese susto terrible que has arrastrado por haber respondido ¡Sí! a un llamado, que hasta el momento no sabes si querías o no… Animo, así suele suceder, pero es parte del camino, del proceso, del discernimiento, por eso mientras vamos andando y orando, podemos a atrevernos a decir de manera jocosa pero muy cierta, como bien mal dicho expresa aquella frase que cierto personaje televisivo hizo popular, “fue sin querer, QUERIENDO”.


                                                                              Por: pedro pablo Carreño
Seminarista de la Diocesis de Margarita
III de Filosofía

31/10/2017

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